La cámara y el eterno idilio con sus pulsantes labios rosas.
La cámara y el eterno idilio con sus pulsantes labios rosas. Su fascinación por capturar su suave y nívea piel.
Aquella obsesión del objetivo por cautivar aquel lunar que se ahoga solitario entre alba tez.
Ay, cámara, ¿por qué tan mezquina la secuestras? ¿Por qué la encierras entre paredes y la privas de libertad? ¿La quieres toda para ti, acaso? Egoísta, cámara, egoísta.
¿Qué hemos de hacer ahora, cámara? Ámbos la llevamos presa en recónditos deseos. Ambos derrotados por belleza singular.
Entrambos ahogados en devaneos. Pero solo tú la has tocado, cámara y no sabes cómo te lo envidio.